Narration studio
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Conoce a Pepina
1.¡Hola! Soy Pepina. Tengo el pelo morado, una capa color coral y zapatillas con brillitos. Tengo ocho añitos y me encantan los panqueques.
2.Lo que más me gusta desayunar es una torre grandota de panqueques con frutitas. Comer sano y dormir bien hacen que mi cerebro se sienta ¡genial!
3.Además, tengo algo que se llama epilepsia. Leo muchísimo sobre el tema y se lo explico a mis amigos: a veces mi cerebro lanza un montón de chispitas extra. Pero tranquilo, ¡no se contagia como la gripe!
4.Mi verdadero superpoder es contarle a todos sobre la epilepsia para que nadie se asuste. ¿Quieres que te cuente un poco más? ¡Capa puesta y a volar!
¿Qué es una convulsión?
1.Tu cerebro es como una ciudad muy, pero muy ocupada. Millones de lucecitas se prenden y se apagan para que puedas correr, reír a carcajadas y acordarte del nombre de tu mejor amigo.
2.Una convulsión pasa cuando un montón de esas lucecitas se prenden al mismo tiempo. Por un ratito, la ciudad-cerebro tiene tanto tráfico que saltan chispitas por todas las calles.
3.Con tantas lucecitas prendidas, las convulsiones se ven diferentes en cada persona. Algunas tiemblan un poquito, otras se quedan mirando a la nada, otras mueven la boquita como si masticaran y otras se caen despacito. ¡Todas son convulsiones!
4.Después, las luces de la ciudad se apagan solitas y todo vuelve a la calma. La persona puede sentirse con sueño o un poco confundida, y eso es súper normal. Dormir un ratito y ver una cara amable es la mejor medicina.
Si un amigo tiene una convulsión
1.Paso 1: ¡Mantén la calma! Respira profundo, como si inflaras un globo. Si tú te quedas tranquilo, los demás también. Con solo estar ahí cerquita, ya eres un súper héroe.
2.Paso 2: Quédate con tu amigo y cuídalo. Mueve las sillas o mochilas que estorben, ponle algo suavecito debajo de la cabeza y gíralo despacito de ladito. Ojo: ¡nunca lo amarres ni le metas nada en la boca!
3.Paso 3: ¡Toma el tiempo! Mira el reloj para ver cuánto dura. Si pasan más de 5 minutitos, es una emergencia y hay que llamar rapidísimo al número de emergencias.
4.Paso 4: ¡Avisa a un adulto! Llama a la maestra, a mamá o a papá de inmediato. Cuando la convulsión pase, háblale con mucho cariño a tu amigo y acompáñalo hasta que se sienta mejor. ¡Ese sí que es un trabajo genial!
Lo que NUNCA debes hacer
1.¡Nunca aprietes o sujetes a tu amigo! La convulsión tiene que pasar solita, y si le agarras los brazos o las piernas, puedes lastimarlo. Deja que su cuerpo se mueva libremente.
2.¡Nunca le metas nada a la boca! Ni cucharas, ni galletitas, ni agua, ni mucho menos tus dedos. No te preocupes, nadie se traga su propia lengua. Pero si le metes algo, podría romperse un diente o ahogarse.
3.Lo que sí debes hacer es que el lugar sea seguro. Haz a un ladito las sillas y las mochilas. Ponle un suéter o algo suavecito debajo de la cabeza, y voltéalo despacito de ladito para que respire muy bien.
4.Después, quédate acompañando a tu amigo. Pide ayuda a un adulto, mira el reloj para tomar el tiempo y háblale bien suavecito. ¡Acompañar con cariño también es un súper poder!
Los súper poderes diarios de Pepina
1.Poder número 1: tomar mi medicina súper puntual. Todos los días la tomo a la misma hora, junto a mi mami. Así, las lucecitas de mi ciudad-cerebro se portan muy bien.
2.Poder número 2: dormir riquísimo. Me voy a la cama temprano y duermo toda la noche entera. Si duermo poquito, mi cerebro se cansa mucho, ¡y un cerebro descansado es súper fuerte!
3.Poder número 3: comer muy rico y sano. Frutitas, verduras y muchísima agua. ¡Eso me da energía de superheroína para saltar todo el día!
4.Poder número 4: moverme y cuidarme. Me encanta correr, bailar y manejar mi bici con el casco bien puesto. Si hago caso a mis papás y a mi doctora, ¡me divierto súper segura!
Pepina en la escuela
1.La escuela me fascina, ¡y la clase de ciencias es mi favorita! Hoy hicimos un volcán con bicarbonato y vinagre que hizo muchísimas burbujas. De grande, ¡quiero ser científica!
2.En el recreo juego a las escondidas con mis amigos. Corro, me trepo en los juegos y me río tanto que hasta me da hipo. ¡Tener epilepsia no me deja sentada! Yo juego igualito que todos los demás.
3.Un día tuve una convulsión en el salón. ¡Pero nadie se asustó! Mi maestra movió las sillitas rápido, me puso un cojín en la cabeza y me volteó de ladito. Mía miró el reloj y Sam salió corriendo a buscar a la enfermera. ¡Todos sabían exactamente qué hacer!
4.Después de descansar un ratito, tenía sueñito, pero pronto me volví a sentir súper bien. Mis amigos me abrazaron, la maestra me regaló una sonrisa, ¡y seguimos haciendo experimentos! La escuela es muy segura cuando nos cuidamos entre todos.
Pepina va a visitar a su doctora
1.Hoy vine a ver a la doctora B. Ella es neuróloga: ¡una doctora súper inteligente que sabe todo sobre los cerebros! Platicamos de cómo me he sentido, si duermo rico y de mi medicina. Aquí no asustan a nadie, ¡solo hay pláticas y sonrisas gigantes!
2.Primero, me sacan un poquitín de sangre para ver si mi medicina está funcionando bien. Se siente como un pellizquito de mosquito. Yo aprieto mi estrellita de peluche, volteo a ver la pared y cuento hasta cinco. ¡Listo el pollo! Una curita bonita y ya.
3.Después me hacen un examen que se llama EEG. Me ponen unos stickers en la cabeza con un gel muy frío, y unos cablecitos le muestran mis chispitas a una computadora. ¡No duele nadita! Me quedo bien quietecita, parpadeo y veo las onditas de mi cerebro en la pantalla. ¡Qué chévere!
4.Esos rayones en la pantalla le dicen a la doctora B. cómo mantener tranquilas mis chispitas. Para despedirnos chocamos esos cinco, me regalaron un sticker de niña valiente y mami me compró un helado riquísimo. Ir al doctor es solo un chequeo para mi cerebro súper poderoso. ¡Capa puesta y vámonos!
Las aventuras de Pepina y su mejor amiga
1.Te presento a Alex, mi mejor amiga de todo el planeta. Se peina con dos colitas padrísimas y se ríe súper fuerte. Alex sabe que tengo epilepsia, y adivina qué... ¡a ella no le importa para nada, seguimos siendo las mejores amigas!
2.Casi todos los días vamos al parque. Yo me subo al columpio altísimo y dejo que mi capa vuele, y Alex se tira por la tobogán a toda velocidad. Si me canso, tomo agua, descanso un ratito... ¡y volvemos a correr!
3.En Halloween siempre nos disfrazamos igual. ¡Este año yo me pinté toda la cara de brujita verde y Alex se puso un vestido de princesa rosadito y brillante! ¡Cantamos por toda la cuadra y nos regalaron un montón de dulces!
4.Alex dice que yo no soy «la niña enfermita». Soy simplemente Pepina, la niña que dibuja genial, cuenta chistes malísimos y lee un montón de cómics. Los niños con epilepsia tenemos amiguitos, hacemos pijamadas y somos súper felices, ¡igual que tú!
A Pepina le ponen sus vacunitas
1.Hoy vine a ver a la doctora Nei, mi pediatra favorita. Ella me pesa, se fija cuánto he crecido y escucha mi corazoncito. Hoy me toca una vacuna. ¡Las vacunitas son como entrenadores que le enseñan a tu cuerpo a pelear contra los bichos malos!
2.La enfermera me pasa un algodoncito frío en el brazo y ¡zas!, un pinchacito rápido. Yo aprieto mi peluche suavecito, tomo mucho aire y cuento hasta tres. Pica un poquitín y ¡listo el pollo! Curita de figuritas y a seguir.
3.Y ahora viene la magia: la vacuna me regala un escudo protector invisible. Si se acercan los bichitos de la gripe, mi cuerpo ya está preparado para darles una patada ninja y los rebota. ¡Boing, boing!
4.Para mí es súper importante vacunarme. Si me da mucha fiebre, mis chispitas pueden alborotarse, así que estar sanita mantiene mi cerebro relajado. ¡Un pinchacito y un súper escudo para mi capa de heroína!
El súper equipo de la familia de Pepina
1.¡Este es el súper equipo de mi familia! Mami, papi, mi hermana grande Lucía, mi hermanito Joaquín, mi hermanita Javiera y nuestro perrito peludo Milito. Toda superheroína necesita ayudantes, y los míos viven en mi propia casita.
2.Los domingos nos encanta cocinar juntos. Yo muevo la cuchara, papi pica todo, Lucía pone la mesa y los chiquitos llevan los platos. Papi siempre me deja mi medicina junto a mi vaso de agua para que no se me olvide tomármela en la noche. ¡Y Milito siempre espera que se nos caiga un fideíto!
3.Una tardecita, mis chispitas se alborotaron. Pero mi familia ya se sabe el plan de memoria: mami puso a correr el reloj, papi hizo a un lado las sillas, Lucía abrazó a los chiquitos, y me pusieron un cojín muy suave en la cabeza y me voltearon de ladito. ¡Me cuidaron un montón y nadie me metió nada a la boca!
4.Todo pasó en un minutito. Me dio mucho sueño, así que hicimos una camita con cojines y vimos una peli en la salita. Joaquín me dio de sus palomitas, Milito se acostó en mis piecitos y mami me dijo: «Aquí estamos mi amor, estás a salvo». ¡Para eso son las familias!
El día de piscina de Pepina
1.¡Me encanta la piscina! Pero conozco la regla más importante de todas: nunca entro al agua si no hay un adulto mirándome. Hoy me acompaña mi maestra de natación, la señorita Rosa. ¡Al agua patos!
2.Chapoteo y pateo con mi compañero de natación. La señorita Rosa está en la orilla con su silbato, sin quitarnos los ojos de encima. Mami ya le contó de mis convulsiones y de nuestro plan, así que ella sabe muy bien qué hacer.
3.De pronto, llegaron mis chispitas dentro del agua. Como la señorita Rosa estaba súper atenta, llegó en un parpadeo. Me sostuvo la cabecita fuera del agua y me sacó de la piscina. ¡Por eso siempre tiene que haber un adulto vigilando!
4.Al ratito desperté, envuelta en una toalla súper calientita. La señorita Rosa me dijo: «¡Lo lograste!». La próxima semana vuelvo a clases de natación, con un adulto vigilando, como siempre. ¡Nadar es genial y seguro cuando te cuidan con amor!
El súper viaje en avión de Pepina
1.¡Nos vamos en avión! Estoy súper feliz. Antes de salir al aeropuerto, Mami y yo armamos nuestro plan juntas. Las superheroínas empacan su capa… ¡y yo empaco mi medicina!
2.Mi medicina viaja conmigo en mi mochilita, no en la maleta que dejamos en el mostrador; así nunca me falta en el avión. Llevamos medicina para más días por si acaso, y una hojita con mi plan para las convulsiones y los teléfonos de mis doctoras.
3.Ya volando entre las nubes, Mami le da una copia de mi plan a la aeromoza. «Si Pepina tiene una convulsión, acuéstela de ladito, tome el tiempo y avíseme», le dice Mami. ¡Así todos en el avión saben qué hacer!
4.¡El avión aterriza cerquita de la playa y empieza la diversión! Olas, arena, un helado riquísimo… y mi alarma de la medicina suena a tiempo, sin importar el cambio de hora. Tener epilepsia no frena mis viajes. ¡Estar preparada me deja disfrutarlos todos!
Las reglas de Pepina para el parque
1.¡Me encanta ir al parque! Columpios, toboganes y juegos para trepar. Mi regla es súper fácil: no trepo más de 2 metros, que es casi el tamaño de un adulto. Así cuido mi cerebro y la diversión no para.
2.Mi maestro, el señor Luis, me enseña la marca de los 2 metros. Por debajo de ahí puedo trepar, colgarme y explorar como todos. ¿Subir más alto? Eso lo dejamos para otro día, cuando un adulto diga que es súper seguro.
3.Un día me visitaron mis chispitas mientras estaba en los pasamanos bajitos. Como el señor Luis me estaba echando un ojito, llegó en un parpadeo. Me bajó con cuidadito al piso blando, les pidió a los amiguitos que me dieran espacio y tomó el tiempo. Estuve segura porque teníamos un plan.
4.Después de descansar un ratito, volví al columpio. Sigo trepando, resbalándome y riendo a carcajadas, solo respeto mi regla de los 2 metros y me quedo cerquita de un adulto. ¡El parque es divertidísimo para todos!
El EEG de todo un día de Pepina
1.¡Hoy me toca mi EEG de todo un día! La doctora B quiere escuchar las onditas de mi cerebro todo el día y toda la noche. En mi mochila llevo mi pijama, mi conejito, mis medicinas y mi libro favorito. ¡No duele nada, solo es para escuchar!
2.Primero, la especialista mide mi cabecita con una cinta suavecita y me dibuja unos puntitos. Después, me pega unos botoncitos llamados electrodos con una pastita muy fresca. Cada uno tiene un cablecito de color. Se siente como masajito y me hace cosquillas, ¡nada más!
3.Ahora solo espero y sigo jugando. Dibujo, me río y tomo una siestecita. Una cámara me graba y Mami aprieta el botón rojo si llegan mis chispitas, así la doctora B compara mis onditas con lo que me pasó. Estar quietecita o estar muy juguetona nos ayuda por igual.
4.Cuando siento cosquillitas por dentro, Mami me toma de la manita. Olemos la flor y soplamos la velita, muy despacito. Mi conejito se queda abrazadito a mí y Mami me cuenta mi cuento favorito. Mi cuerpecito se calma y los cables siguen escuchando.
5.En la mañanita me quitan los cables y me lavan el pelito. La doctora B me enseña mis onditas: ¡rayitas que parecen olas del mar! Ahora ya conoce mejor mis chispitas y me puede dar la medicina perfecta. ¡Choca esos cinco, cerebrito!
El día turbo de Tadeo
1.¡Buenos días! Soy Tadeo y mi cerebro se despierta en modo turbo. Las ideas van y vienen antes de que mis pies toquen el piso. Mi motor es rapidísimo; solo necesito un plan para que toda esa energía vaya a algo chévere.
2.Este es mi tablero de rutina. ¡Dibujitos, no listas larguísimas! Vestirme, desayunar, lavarme los dientes, la mochila. Un pasito a la vez y muevo la flechita cuando termino. Así mi cerebro turbo sabe qué sigue.
3.Todos los días necesito MOVERME. Correr, saltar, patear la pelota: así sale la energía de más. Después mi cabeza se calma y puedo sentarme a trabajar mucho mejor.
4.En la noche vamos despacito: baño, un cuento y la luz bajita. Mi motor turbo también necesita descansar. Mañana arranca de nuevo, y así me gusta.
Tadeo va a terapia
1.Hoy toca terapia. No es un doctor con agujas: es un cuarto lleno de juegos. Mi terapeuta le enseña trucos a mi cerebro turbo, igualito que el entrenamiento de fútbol le enseña a mis pies.
2.Jugamos al juego de esperar, al de escuchar y al de terminar una cosa antes de empezar otra. Cuando gano, chocamos los cinco. Cuando no me sale, lo intentamos otra vez. Aquí nadie se molesta.
3.Después practicamos el truco de la calma: huele la flor, sopla la velita. Tres respiraciones lentas. Mi motor sigue andando, pero más suavecito, y así puedo elegir qué hago.
4.Terminó la terapia y me gané mi estrellita. Ir a terapia no quiere decir que algo esté mal conmigo: quiere decir que estoy entrenando mis superpoderes.
La medicina de Tadeo
1.Cada mañana, después del desayuno, tomo mi medicina con un buen vaso de agua. No me cambia por dentro: solo ayuda a que mi cerebro turbo baje un poquito la velocidad para poder escuchar.
2.Mi mamá llena mi cajita una vez por semana, un cuadradito para cada día. Siempre a la misma hora. La medicina la guardan los adultos: ese es su trabajo y así estamos todos seguros.
3.En el colegio un amigo me pidió probar mi medicina. Le dije que no. La medicina es solo para la persona a la que el doctor se la dio. Si alguien te la pide, avísale enseguida a un adulto.
4.Cada cierto tiempo voy a mi control: cómo duermo, cómo como, cómo me va en el colegio. Si algo hay que cambiar, lo cambia el doctor, nunca yo por mi cuenta.
Un día de escuela con Tadeo
1.Me siento en la primera fila. No es por castigo: es porque aquí hay menos cosas que me distraigan y mi maestra me puede ayudar más rápido.
2.Mi maestra me da una indicación a la vez y tengo una tarjetita con dibujos en mi carpeta. Las listas largas se me pierden en la cabeza; un pasito a la vez se me queda.
3.A media mañana hago mi pausa de movimiento: me estiro, salto o llevo los libros al estante. Dos minutos moviéndome y mi cerebro vuelve listo para trabajar.
4.En el recreo corro en modo turbo y meto goles con mis amigos. Mi cerebro funciona distinto, no peor. El colegio me queda bien y yo quedo bien en el colegio.
Andrés va a terapia
1.Hola, soy Andrés. Hoy toca terapia y ya sé el camino de memoria. Aquí nadie me apura ni me pide que sea distinto: vengo a practicar cosas que a mi cerebro le cuestan un poquito más.
2.Con mi terapeuta practico palabras usando dibujitos. Señalo la imagen de “agua” o de “jugar” y ella me entiende al toque. A veces digo la palabra en voz alta y a veces solo la señalo. Las dos formas valen.
3.Después viene mi parte favorita: la hamaca. Mecerme despacito ordena mi cuerpo, como cuando sacudes un frasco con brillantina y esperas a que se asiente. Salgo de ahí tranquilo y listo.
4.Al final, mi mamá me espera con una sonrisa. La terapia no es un castigo: es mi entrenamiento. Cada semana me llevo un truquito nuevo para el cole y para la casa.
Las mil formas de hablar de Andrés
1.Este tablero es mi voz de bolsillo. Cuando las palabras no me salen, señalo un dibujo y listo: ya dije “tengo hambre”, “quiero jugar” o “necesito un ratito”.
2.También uso las manos. Unas cuantas señas y mis amigos me entienden rapidito. Hablar no es solo con la boca: es con los dedos, con la mirada, con el cuerpo entero.
3.Cuando todo se pone muy ruidoso, saco mi tarjeta de pausa y se la doy a la profe. Ella asiente y me deja ir al rincón tranquilo. Pedir una pausa es de valientes.
4.Mis compañeros aprendieron algo importante: esperar. Me dan mi tiempito, no terminan mis frases y no me apuran. Así siempre encuentro la manera de contarles lo que pienso.
El mundo de Andrés
1.Mis oídos escuchan más fuerte que los tuyos. En la plaza, las bocinas y las voces se sienten enormes. Por eso llevo mis audífonos: bajan el volumen del mundo y todo se vuelve amable.
2.En el súper las luces brillan mucho. Mi mamá y yo tenemos un plan: entramos, buscamos lo de la lista y salimos. Si me abrumo, apretamos mi pelotita y respiramos juntos.
3.Saber qué viene después me da calma. Mi rutina con dibujos me cuenta el día: desayuno, cole, parque, casa. Cuando hay un cambio, me avisan antes y así no me agarra de sorpresa.
4.En casa tengo mi rincón tranquilo, con cojines y luz suave. No es para castigar: es mi lugar para recargar. Cuando salgo de ahí, vuelvo listo para jugar.
Un día de cole con Andrés
1.Llego al cole y saludo a mi profe a mi manera: con la mano y una sonrisa. Ella no me obliga a mirarla a los ojos. Yo estoy escuchando igualito.
2.En mi mesa tengo una tira con dibujos del día. Sé cuándo toca leer, cuándo toca arte y cuándo toca recreo. Saber el orden hace que mi cabecita esté tranquila.
3.En una esquina del salón hay una carpita de calma. Si el día se pone ruidoso, entro un ratito con mi tarjeta de pausa. Nadie se burla: todos saben que es parte de mi plan.
4.En el recreo juego con carritos al lado de mi amigo. A veces jugamos juntitos y a veces cada uno en lo suyo, y también está bien. Ser amigos es acompañarse como cada uno pueda.
Lucía y su terapia física
1.¡Hola! Soy Lucía. Dos veces por semana vengo al gimnasio de terapia. Aquí no vengo a “arreglarme”: vengo a entrenar, como los deportistas. Mi cuerpo se mueve distinto y también se hace más fuerte.
2.Empezamos con estiramientos en la colchoneta. Mi fisio me acompaña despacito y yo respiro. A veces cuesta y a veces duele un poquito; entonces avisamos, descansamos y seguimos.
3.Después toca la parte más difícil: las barras. Me sostengo con mis brazos fuertes y doy pasitos cortos. No importa cuántos: importa que hoy di uno más que ayer.
4.Al terminar, ¡choque de cinco! Salgo cansada y contenta. Mi cuerpo tiene su propio ritmo y yo lo respeto: cada terapia es una victoria chiquita.
Las habilidades de Lucía
1.Pintar es lo mío. Mi caballete está a la altura de mi silla y mis pinceles tienen mango gordito para agarrarlos mejor. Con los apoyos correctos, puedo hacer casi todo.
2.En música toco el tambor. Mis manos llevan el ritmo y todo el salón me sigue. Hay cosas que me cuestan, pero hay otras en las que soy buenísima.
3.Uso cosas adaptadas: cubiertos con mango grueso, lápices especiales, un vaso con tapa. No son de bebé: son mis herramientas, como los lentes para quien no ve bien.
4.Y en el parque… ¡soy rapidísima! Mi silla es parte de mi cuerpo, no una cárcel. Con ella corro, giro y llego primero. Cada quien tiene su forma de moverse.
Lucía y su apoyo en el cole
1.Llego al cole por la rampa, sin ayuda de nadie. A mi lado camina Miss Ana, mi maestra de apoyo. Ella no empuja mi silla: me acompaña.
2.En clase escribo con mi lápiz de mango grueso. Miss Ana se sienta cerquita, pero no hace mi tarea. Solo me da una manito cuando de verdad la necesito.
3.Mi cole tiene rampas, puertas anchas y un bebedero bajito. Cuando el lugar está pensado para todos, yo me muevo sola y llego a donde quiero.
4.En los trabajos en grupo yo también tengo mi tarea: pego, pinto y doy ideas. Ser incluida no es que me miren: es que cuenten conmigo.
Lucía sale a jugar con sus amigas
1.¡Tarde de parque! Me encuentro con mis amigas y desde el saludo ya estamos riéndonos. Salir a jugar es de mis cosas favoritas del mundo.
2.Primero, burbujas. Ellas corren detrás y yo las reviento con las manos desde mi silla. Nadie tiene que hacer lo mismo para jugar juntas.
3.Este parque tiene un carrusel con rampa: subo con mi silla y mis amigas lo hacen girar suavecito. ¡Los juegos accesibles son para todos, y son los más divertidos!
4.Terminamos con helado y el cielo naranja. Mis amigas no me tratan distinto: me tratan como Lucía. Y así, jugando, se nos pasó la tarde volando.